domingo, 12 de abril de 2020

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: EL CUERPO GLORIOSO DE JESÚS


12 abril 2020

La resurrección de Lázaro.
La resurrección del hijo de la viuda de Naín.
La resurrección de la hija de Jairo, el oficial romano. 
Todas ellas para alargarles la vida un poco más.
La resurrección de Jesús, en cambio, era definitiva, era para toda la eternidad. 

La fe y la ciencia

La fe no es opuesta a la ciencia; la ciencia no es opuesta a la fe.

Si entendemos cómo es la materia, podremos aproximarnos a entender cómo es un cuerpo resucitado.

El cuerpo se compone de átomos y los átomos se componen de partículas.
Los electrones son partículas.

Experimento de la doble rendija

Se lanza un chorro de electrones a través de dos rendijas.

Lo que uno espera es que cada electrón atraviese una de las dos rendijas y caiga en un punto al otro lado.

Pero no.

Cada electrón pasa por ambas rendijas a la vez.
Y cada electrón cae en varios puntos.
Y no necesariamente alineados con las rendijas. Sino en puntos inesperados.

Efecto túnel

Se sabe que para ir de un punto a otro hay que pasar por los puntos intermedios. 

(Una carga eléctrica puede ser positiva o negativa.
Cargas opuestas se atraen. Cargas iguales se repelen.
El electrón tiene carga negativa.)

Se lanza un electrón de carga negativa contra un obstáculo de carga negativa.
Al llegar el electrón negativo al obstáculo negativo debería ser repelido, debería devolverse.
Porque negativo repele a negativo.
Pero no. 
El electrón aparece al otro lado del obstáculo.
Eso significa que el electrón no hizo el recorrido esperado: ir, devolverse.
Sólo desapareció de un lado y apareció al otro lado.
Se economizó recorrer el espacio intermedio.

Sin identidad propia

Si dos electrones chocan, después del choque cada electrón ya no es como era antes del choque.
Sus propiedades han cambiado.
Por eso, por sus propiedades cambiantes, se dice que las partículas elementales no tienen individualidad propia.

Espacio y tiempo dejan de existir

(Fuerza de gravedad: fuerza con que un cuerpo mayor atrae a otro menor.)

Un agujero negro no es un agujero.
Es una región del espacio.
Hay tanta concentración de materia, tiene una masa tan apretada, tan compacta, tan exageradamente densa, que su fuerza de gravedad no deja escapar nada, ni una partícula, ni siquiera deja escapar luz.

Por eso se llama "negro".

La teoría de Einstein, conocida como relatividad general, prediceque en el centro de un agujero negro, llamado "singularidad", el espacio y el tiempo dejan de existir.

Experimento del vacío físico

(Fotón: partícula de luz. No tiene masa.)

A un recipiente vacío se envía luz continuamente a través de una ventanita muy pequeña.
A medida que entra más luz al recipiente, aumenta la temperatura.
Hay un momento en que un fotón choca con otro y aparecen dos electrones.
Pero no con la misma carga eléctrica. Sino con cargas opuestas. Materia y antimateria.
El vacío ya no está vacío. Contiene dos partículas con masa. ¿Dónde estaban?
Estaban en estado virtual. Debido al choque de los fotones, se pudieron detectar.
Si esos electrones que aparecieron llegaran a chocar, desaparecerían, y en su lugar aparecerían dos fotones.

Se envía más luz al recipiente. Aumenta la temperatura.
Si un fotón choca con un electrón, se produce un par de muones, que son partículas más grandes que los electrones. Con cargas opuestas. Materia y antimateria.

Se envía más luz. Sube la temperatura. Y aparecen los piones (o mesones pi), que son partículas más grandes que los muones. Con cargas opuestas. Materia y antimateria.

Todas estas partículas estaban potencialmente en el vacío. Se deduce así que el vacío no estaba vacío.
Si dichas partículas chocaran entre sí, dejarían de existir, y en su lugar quedarían fotones.

Lluvia de neutrinos

Por lo insignificante de su masa, su tamaño y su carga, se puede considerar que los neutrinos son partículas sin masa, sin tamaño y sin carga.
Son casi energía pura viajando a una velocidad muy cercana a la velocidad de la luz.
Cada una de esas partículas choca con los átomos de la alta atmósfera.
Por la enorme energía que llevan al chocar, de cada partícula se producen miles de partículas. 
No pedacitos de partículas rotas. 
Sino partículas iguales a la partícula antes del choque.
Como si golpeáramos una bola de tenis con una energía gigantesca y rebotaran, no una, sino diez bolas.
La energía se convierte en masa. Y viceversa. Dice la relatividad.

Soy eterno. Soy luz.

(La velocidad de la luz es la mayor que existe: 7 vueltas y media alrededor de la tierra en solamente un segundo.)

Dice la teoría de la relatividad:
El tiempo depende de la velocidad.
Entre más velocidad, el tiempo pasa más lento.
El ejemplo del astronauta de 40 años de edad que se despide de su hijo de 10 de edad, y a enorme velocidad parte de viaje en su nave a un planeta lejano.
Cuando regresa, el astronauta, que tenía 40 años, tiene ahora 41 años; y su hijo, que tenía 10 años, tiene ahora 60 años.
Siguen diciendo los cálculos de Einstein que, a la velocidad de la luz, el tiempo se detiene, no corre, es cero.
Eso es la eternidad: una situación en que no pasa el tiempo.
Equivale a decir que la eternidad existe y es la luz.
Si alguien pudiera ser solamente luz, percibiría que todo ocurre simultáneamente.
Que pasado, presente y futuro ocurren a la vez.
Podría ver pasado, presente y futuro al mismo tiempo.

Espacio y tiempo desaparecen

Según la teoría de la relatividad, el espacio y el tiempo forman una misma unidad llamada espaciotiempo.
Como acabamos de ver, si a la velocidad de la luz el tiempo es cero, el espaciotiempo es cero.
Dejan de existir los linderos de espacio y de tiempo.
Dejan de existir las limitaciones de espacio y de tiempo.

Materia y energía: dos formas de lo mismo

Se dice que una cosa es la materia y otra cosa es la energía.
No es así.
Materia y energía no son dos realidades distintas.
Son dos formas distintas de materia.
Pero todo es materia.
Materia y energía son intercambiables.
La materia puede cambiar a energía, y la energía puede cambiar a materia.
Una de las formas de energía es la luz.
Y se cree que la luz es recta, siempre recta, infinitamente recta.
No. La luz se cae.
En las distancias enormes que maneja la astronomía, se ha podido observar la curva de caída de la luz.

La resurrección

El hombre es materia y no-materia. 
Cuerpo y espíritu.

Dos niveles, diferentes uno de otro. 

La materia tiene propiedades que las ciencias pueden estudiar. 
La no-materia tiene propiedades que las ciencias no pueden estudiar. 

Pero en el hombre son realidades que no pueden existir la una sin la otra.
Forman la sustancia del hombre: materia y espíritu.

Por tanto, es un error la creencia oriental de que el hombre debe aprender a liberarse de su cuerpo para llegar a su perfección.

El cuerpo es una estructura material. 
Es, pues, absurdo hablar de cuerpo inmaterial. 
Como absurdo es decir que resucitaremos con un cuerpo que no es material.

En mi cuerpo tengo  electrones, protones, neutrones.  
Con peso, con tamaño, y en una cantidad determinada.

Aunque uno quiera tener los mismos al resucitar, no es posible. 

Estamos cambiándolos. (No tienen individualidad propia.) 

Resucitar con mi cuerpo no significa tener el mismo con que morí. Probablemente envejecido, enfermo, o con deficiencias físicas.

Cristo aparece a pesar de puertas cerradas. No ha entrado por ninguna parte. ¿cómo está presente si no estaba antes y no ha entrado? 

Apareció. Se puede pasar de un sitio a otro sin pasar por el medio. (Efecto túnel.) 

¿Dónde estaba antes? 
No tenía que estar en ningún sitio. 
Porque la materia puede existir sin estar en un sitio, es decir localizada. (Experimento del vacío.) 

El cuerpo resucitado no está sujeto a los límites de espacio. 
No hay que buscar dónde está cuando no quiere hacerse presente. 
Se hace presente cuando y donde quiera hacerse presente. 

Pero indiscutiblemente Cristo tiene su cuerpo. 
Se le toca. Come. No es fantasma. Es un cuerpo de verdad. Con toda la capacidad de actuar como cuerpo humano que es.

Se aparece a los discípulos de Emaús. 
Que no lo reconocen. 
Come con ellos.
Luego desaparece. Simplemente desaparece . 

Porque no está sujeto a leyes físicas que haga que sus átomos estén en una distribución determinada. (Doble rendija.) 
Puede tener el aspecto que quiera. 
No necesita para seguir siendo cuerpo de Cristo tener tales medidas en cada uno de sus rasgos. 
Puede controlar en qué forma se muestra, a quién se muestra.

Yo estoy aquí, y por mucho que lo piense, mi espíritu no va a estar en otro sitio. 
Estoy obligado a actuar en un tiempo. 
Todo me lleva tiempo. 

Por su unión con la materia, mi espíritu está limitado a la materia, y actúa casi a modo de materia dentro de los límites de espacio y tiempo. 

 libertad gracias a la cual no está sujeto a leyes físicas, a movimiento, a espacio, a tiempo.

Como un ángel, o como Dios, que no están sujetos a esta dimensión espaciotiempo propia de la materia. 

Después de la resurrección, estas condiciones se cambian a lo contrario. 
El espíritu manda y hace que la materia exista a modo de espíritu, libre de ataduras de espacio, de las ataduras de tiempo. 

Así queda aclarada la frase de San Pablo: 
Lo que se entierra es un cuerpo material; lo que resucita es un cuerpo espiritual. 

Y ya que el cuerpo, estructura material, actúa a modo de espíritu, el espíritu puede determinar que se haga visible o no, en una forma o en otra, en un sitio o en otro, en un momento o en otro. 

El cuerpo está totalmente subordinado al espíritu. 
Por estar fuera del tiempo, no hay desgaste, no hay metabolismo, no requiere renovar estructuras ni conseguir energía con alimentos.

Es un modo de existir  difícil de imaginar. 
Los datos de los sentidos son datos de espacio y tiempo. 
Y hablar de resurrección es hablar fuera del espacio y del tiempo. 

Existir en la eternidad no es existir en un tiempo largo o corto. 
No existe en el tiempo. Existe de otra manera. 

Esa existencia de Dios se nos promete a toda la realidad humana: al cuerpo y al espíritu. 
No es volver a la vida con las limitaciones de la física.  
Sino vivir en un cuerpo material con la libertad del espíritu. 
Libre de todo desgaste, de todo cambio, de toda ley física. 

Hablar de que resucito con mi cuerpo, no es hablar de que se guarden todos los átomos en una tumba, uno a uno. 
Da igual que se pudra, se creme. 
Resucita una estructura a medida de mi espíritu. 
A partir de ese sustrato imposible de imaginar, que se llama el vacío físico, que no es un vacío absoluto. 
En donde energía y partículas se intercambian, y saltan dentro y fuera de la existencia (existe / no existe / existe / no existe).  
La naturaleza omnipotente de Dios, que todo lo creó de la nada, puede hacer sin dificultad alguna que lo que ha creado y se ha modificado de una manera u otra, vuelva a ser mi cuerpo.

Dios pudo convertir agua en vino [H2O en C4H6O6], (tal como fotones que se convierten en electrones o muones o piones). 

Dios pudo sacar de 5 panes varios miles (tal como la lluvia de neutrinos). 

Pudo hacer eso y prometió hacerlo con su propio cuerpo. 

Por eso todo el cuerpo de Cristo está en cada partícula de la Sagrada Forma: no pedacitos de Cristo, sino Cristo completo. 

No hay ningún absurdo físico en decir que una realidad está en muchos sitios (doble rendija). 

Y el cuerpo de Cristo se hace presente en miles de lugares simultáneamente, y no hay contradicción con la física. 
Puede hacer todo eso. 
Está fuera del espacio y del tiempo, no le afecta lo que ocurre a su alrededor. 

Al recibir la comunión no se rompe ni se deshace el cuerpo de Cristo. 
Sigue estando presente y completo aunque se fraccione la Sagrada Hostia. 

Todo esto es una manera que no imaginamos sobre las propiedades de la materia. 
Pero no se puede decir que sea algo incompatible con la idea de materia. 

Nadie sabe cómo es la resurrección, ni cómo es la Eucaristía. 
Pero lo que me dice la fe no es incompatible con las propiedades de la materia que me enseña la física. 

Dios utiliza las propiedades de la materia de una forma maravillosa para conseguir algo que no podríamos soñar jamás: 
Una vida eterna, sin desgaste, una vida a modo de espíritu aun para la materia. 

Ese cuerpo de Cristo que está sentado en el trono a la derecha del Padre es material. 

Al adorar al cuerpo de Cristo adoramos la materia de ese cuerpo, rescatada para siempre de la destrucción, materia gloriosa sin el desgaste ni los cambios propios del mundo físico natural. 

Todo lo que es del hombre está llamado a ser glorificado, a ser transformado en un nuevo modo de vida, como el de los ángeles, como el de Dios; existir en una eternidad donde no hay cambio, ni envejecimiento, ni deterioro.

La muerte ya no tiene lugar. Porque ella es el resultado de una decadencia o desajuste de nuestros órganos materiales. 

¿Podemos en el cielo abrazar a Dios? 
Sí. Tendremos cuerpo. Podremos dar un abrazo a Cristo. 
Porque cuerpo y espíritu son redimidos por Cristo.

Saliendo del tema de la resurrección, pero en relación con las propiedades de la materia, podemos confirmar la verdad que encierra la expresión del catecismo del Padre Gaspar Astete, cuando respecto de la virginidad perpetua de María, dice que, durante el parto, Ella permaneció virgen, pues el nacimiento del Niño Dios dejó intacto el sello físico de la virginidad, ya que ocurrió como cuando el rayo de sol pasa a través del cristal: sin romperlo ni mancharlo.
(efecto túnel).
Resumiendo:

Sólo en el espacio y en el tiempo actúan las fuerzas propias de la materia. 

Esas fuerzas ya no van a limitar lo que hace el cuerpo resucitado para siempre.
Que sigue siendo materia. Colección de átomos.
Pues no puede haber cuerpo no material. 
Pero no como antes, que condiciona al espíritu, sino condicionado por el espíritu.
Y va a vivir con la libertad propia del espíritu. 
"Serán como los ángeles de Dios". 
Sin embargo realidad humana: espíritu y cuerpo


Dios puede hacer que lo que en física se cumple para una partícula, se cumpla para un conjunto de partículas.


Concluyamos con las palabras de San Pablo:

Hay muchos que están viviendo como enemigos de la cruz de Cristo, y su final es la perdición.

Sus propios apetitos son su dios, y sienten orgullo de lo que debería darles vergüenza.

Sólo piensan en las cosas de este mundo.

En cambio, nosotros somos ciudadanos del Cielo, y estamos esperando que del Cielo venga el Salvador, Nuestro Señor Jesucristo.

Que cambiará nuestro cuerpo miserable para que sea como su propio cuerpo glorioso.

Y lo hará por medio del poder que tiene para dominar todas las cosas.




Juan 20,19
Juan 20,26
Lucas 24,31
Lucas 24,38-44
Catecismo 645
Catecismo 947
2 Macabeos 7,9
Marcos 12,24
1 Corintios 2,9
1 Corintios 15,44
Trento, sesión 13, canon 3
Filipenses 3,21